23 may 2008


Cual mariposas revoloteando así danzan en mi mente los recuerdos, cual estrellas adornando el cielo así estás presente a cada momento. No hallo sueño en que no pueda verte, ni lugar, ni tiempo que no quisiera tenerte; me ahogo en el llanto, se quiebra mi voz y pido al destino que me devuelva tu amor. Cual ave surcando las montañas, se abre mi corazón como esas bellas alas; cual río fluyendo hacia el caudaloso mar así se une mi alma a tu alma con todo su esplendor. No encuentro definición para este sentimiento, ni palabras, ni canciones que no te quisiera dedicar, no hallo medida para este regalo que me dio la vida ¡Sólo sé que lo que siento por ti, es verdadero y real!

19 may 2008




Como polvo rojizo, cruzaba a mi paso una sombra alada. No era capaz de creerlo, pero había sombra sin cuerpo, espíritu sin alma.
Marché sin darle importancia, intentando dejar descansar la mente unos segundos, pero allí seguía la sombra tras abrir los ojos. Caminaba a mi lado, se movía conmigo, incluso llegué a pensar que sólo quería jugar. Pero, de pronto, se estremeció. La vi llorar, la vi gritar, desgarrarse… como si de una persona de carne y hueso se tratara.
Una silueta opaca era capaz de trasmitirme miedo y, a la vez, recuerdos. Pues me recordaba a mí en ciertos momentos de mi vida en los que soñaba con desaparecer…
Desperté de mis pensamientos y, extrañada, descubrí que aquella sombra con alas ya no estaba allí. ¿A dónde habría ido?
Tal vez solamente había sido fruto de mi imaginación. Que ingenua, por un momento pensé que había visto algo sobrenatural. Me agradó la idea de imaginar que aquello era…
¿¡ Qué ha pasado!? ¿¡ Por qué estoy encadenada!? Pero cómo…
De repente, volví a la normalidad y la sombra también había vuelto. ¿Qué había ocurrido? En ese momento el pánico se apoderó de mí y quise correr, pero mis piernas estaban paralizadas.
Entonces, aquella sombra desplegó sus alas y, como si pudiera levantarse del suelo, me abrazó. Sentí volar. Y, al alzar la vista, descubrí que estaba en otro lugar. A un lado un gran sol, al otro, una luna rota. Bajo mis pies unas cálidas y esponjosas nubes y, bajo ellas, un fuego eterno.
De nuevo, el viento con su dulce brisa, me trajo ese polvo rojizo. Miré mi propia sombra y observé que…
¿Pero cómo era posible? Si yo no… quizás, tal vez sólo divagaba, pero no. Alcé mis manos y las toqué… unas alas negras sobresalían en mi espalda.
Entonces… ja! Que ironía, nadie me había seguido, sólo había estado
todo el rato huyendo de mi misma, temiendo mi propia sombra. Me vi llorar y me vi gritar. No sentí a mi alma, ella me llamaba y yo no era capaz de escucharla. Que estúpida he sido…
Ahora la noche me arropaba con su manto de latón y, mis recientemente descubiertas alas color azabache, me llenan de esperanza y me bañan de libertad. >>
Hay veces en las que sentimos miedo, otras, simplemente, nos sentimos mal sin motivo alguno. Y, yo, os aconsejo que no huyáis de vosotros mismos, tenéis que ser capaz de descubrir vuestras propias alas. Yo aún no lo conseguí, pero no pienso rendirme ^^